Más de 400 voluntarios de la Universidad de La Plata recorren casa por casa.
Más de 400 voluntarios de la Universidad de La Plata, que bautizaron a su brigada sanitaria con el nombre de «Ramona Medina» en homenaje a la militante social del Barrio 31 de Retiro fallecida por coronavirus en mayo, salen desde el inicio de la pandemia por los barrios en busca del coronavirus, rastrearon casa por casa los posibles enfermos y se ocuparon de localizar a los pacientes recuperados para que donen plasma.Las brigadas sanitarias de Ciencias Exactas de la universidad platense se formaron en marzo, cuando apenas iniciada la pandemia, la facultad convocó a docentes, estudiantes y graduados para responder a las demandas que el avance de la enfermedad marcaba para el territorio.A la vez que aplicaban casa por casa la vacuna antigripal a los adultos mayores, comenzaron con el abordaje territorial epidemiológico en los barrios populares de la periferia de La Plata, Berisso y Ensenada, donde buscaron casa por casa a las personas con cuadros compatibles de coronavirus y realizaron evaluaciones sociosanitarias para la búsqueda activa de pacientes de riesgo.»El domingo que murió Ramona Medina estábamos con dos equipos vacunando en el barrio. En la evaluación de la jornada nos dimos cuenta de que la identidad de las brigadas estaban hermanada con las demandas que levantó Ramona, y ahí surgió primero la idea de dedicarle el trabajo de ese día, que rápidamente terminó en la propuesta de adoptar el nombre de Ramona Medina para todo lo que estábamos haciendo», contó a Télam Guido Mastrantonio, secretario de Extensión de la Facultad de Ciencias Exactas y uno de los coordinadores de los equipos de trabajo.
Rastrearon los posibles enfermos y se ocuparon de localizar a los pacientes recuperados para que donen plasma.
Además, destacó que la clave del despliegue que pudieron trazar las brigadas estuvo en «el trabajo mancomunado con autoridades sanitarias, efectores sanitarios y las organizaciones en el territorio».Mastrantonio detalló que, desde el inicio de la pandemia, las brigadas lograron el relevamiento sociosanitario de más de 34 mil personas, la evaluación serológica de casi un millar de habitantes y la vacunación con la antigripal de más de 7.000 adultos mayores y niños, con lo que se garantizó el cumplimiento del calendario de vacunación en plena pandemia.Los jóvenes brigadistas se ocuparon de medir la temperatura de todos los habitantes de cada vivienda y de completar un formulario sobre la presencia de síntomas compatibles, en una app también desarrollada en la mencionada Facultad.Ante casos sospechosos, los brigadistas derivaban a la persona hasta un camión trailer donde se procedía a su hisopado, con equipos de salud en los que también aportaron los brigadistas.Con el avance de la pandemia, se pusieron en marcha los testeos serológicos que permitieron rastrear la traza del virus en distintos barrios que se articularon con la búsqueda activa de potenciales donantes de plasma, destinado a aliviar la situación de los pacientes graves de coronavirus.Alejandro Ibañez, egresado de Ciencias Exactas y becario doctoral del Conicet, valoró su trabajo como brigadista y aseguró a esta agencia que «las brigadas me salvaron en este difícil período de aislamiento, fueron mi motivación y mi ocupación diaria, le dieron un sentido a mis días, ya que al participar de los operativos sentí que podía aportar algo para ayudar a tanta gente que la estaba pasando tan mal, y a la vez asumir mi compromiso social como profesional egresado de la Universidad Pública y trabajador del estado».
Los brigadistas trabajaron con autoridades sanitarias, efectores sanitarios y las organizaciones en el territorio.
«Conocí muchas personas muy valiosas y aprendí de ellas; recorrí lugares de todo el partido de La Plata por primera vez, y aprendí de sus habitantes, y sus realidades. Pasé momentos felices, tristes, tensos, de impotencia, de satisfacción. Es una experiencia única que atravesó mi vida por completo», afirmó.Emilia Barrionuevo, que se recibió semanas atrás de Bioquímica, contó que «en las Brigadas aprendí a vacunar, a sacar sangre e hisopar; pero aún más importante: a escuchar, contener y comunicar».»Veo atrás de cada tubo con muestras, las caras de vecinos y vecinas, sus miedos, preguntas y expectativas, veo también la precariedad de sus casas, la falta de agua, de gas, ni hablar del tan preciado internet y todo lo que nos falta para poder hablar de salud en los barrios y hoy, ya recibida, encuentro ahí la motivación para trabajar en los próximos años por una salud pública que les llegue a todos», concluyó.